¿Por qué nos quejamos en vez de actuar?

¿Por qué nos quejamos en vez de actuar?

A menudo, tenemos la sensación, y así lo expresamos, de que la vida de los demás es mucho más interesante que la nuestra. Parece que los otros salen más, viajan más o que su vida diaria está repleta de acontecimientos que nosotros nunca llegaremos a vivir. Lo cierto que es que para la mayoría de las personas el día a día consiste en repetir lo realizado el día anterior,  en un cúmulo de rutinas que configuran eso que llamamos la vida, que se ve sacudida de vez en cuando por un acontecimiento extraordinario, bueno o malo según la perspectiva de quien lo vive.

Lo cotidiano, por definición, es aquello que ocurre con frecuencia, lo habitual. La mayoría de nosotros nos levantamos más o menos a la misma hora porque las obligaciones nuestras o de los más cercanos nos lo imponen, realizamos casi las mismas acciones antes de salir de casa y una vez en la calle, salvo excepciones,  nos dirigimos al mismo sitio: el trabajo, el cole de los niños o volvemos al lugar de dónde hemos salido porque nuestra actividad está en casa.

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Los recuerdos.

Los recuerdos.

Foto: Enrique Sánchez Sostre

Fotografías que capturan un instante irrepetible, objetos que evocan vivencias del pasado, relatos de otros tiempos, diarios y memorias que pretenden atrapar nuestras experiencias cuyo olvido sería perder una parte de nosotros. A veces, no importa lo que hayamos sufrido, nos resistimos a dejar marchar nuestros recuerdos, los protegemos como a nuestra propia identidad, los guardamos ávidamente, como tesoros de nuestra mente.

Nuestra memoria modela nuestra identidad personal, y la forma en la que nos relacionamos con el mundo y con los demás, viene determinada por nuestra experiencia personal, por lo que aprendemos y recordamos de ella.

El recuerdo, es la capacidad del ser humano para contemplar el pasado. Los recuerdos que provocaron alguna emoción influyen en la personalidad, a diferencia de los que no han movilizado ninguna, perdurando nítidamente en nuestra memoria durante mucho más tiempo. Por eso son las emociones las que estructuran nuestra memoria, seleccionando recuerdos y dándoles forma.

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Los pecados capitales.

Los pecados capitales.

La Caja Sináptica. Blogs El Correo Gallego.

En estos tiempos de posmodernidad, uno de los mandatos sociales que pueden ser razonables o faltos de criterio, es el de perfeccionismo. Esta ética alejada de la lógica nos invita a vender ser el mejor, y desde luego, nadie tiene pecados capitales, eso es solo para neuróticos y depravados. O sea, que ser humano no está bien visto y desde luego, nos guste o no, estos pecados son inherentes a nuestra condición.

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El fracaso.

El fracaso.

Fuente foto: www.morguefile.com

La Caja Sináptica. Blogs El Correo Gallego.

El fracaso en una actividad supone que no hemos cumplido los objetivos que pretendíamos al iniciarla. A menudo, cuando esto sucede, nos sentimos frustrados, abatidos e, incluso, podemos empezar a dudar de nosotros mismos.  ¿A qué se debe un fracaso? Puede que los objetivos no estuvieran bien definidos o que estos no fueran realistas, puede ser que  no hayamos  conseguido llevar a cabo las acciones necesarias  para alcanzar la meta o que no hayamos medido bien nuestras aptitudes, actitudes o fuerza para poder lograrlas.

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El mito de la felicidad.

El mito de la felicidad.

La Caja Sináptica  Blogs El Correo Gallego

Fuente foto: www.pixedelic.com

La búsqueda del Santo Grial de la felicidad es una constante en la historia de la humanidad, y en la actualidad se ha convertido en el mandato social de la postmodernidad, de manera que el hecho o la sensación de no lograr alcanzarla es homólogo de fracaso en la vida.

Cuando hablamos de felicidad, habría que empezar distinguiendo entre felicidad subjetiva, que es una sensación de bienestar en la que no se echa en falta nada, o al menos de manera intensa, y felicidad objetiva , que más que un sentimiento es una situación que se quiere conseguir, donde las posibilidades personales estarían aseguradas. Por ejemplo, si una persona se encuentra privada de libertad, el hecho de ser libre, sería una situación de felicidad objetiva, sin embargo, no garantizaría que en alguna circunstancia no pudiera sentirse triste o subjetivamente infeliz.

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