La sensación de saturación

La sensación de saturación

Es habitual que, sobre todo en algunas épocas de la vida, tengamos la sensación de saturación mental. Ese sentirse saturado, supone tener la percepción de no poder más, de que si algún elemento de los que forman parte de la vida cotidiana se mueve de su sitio vamos a caernos psicológica y mentalmente hablando.

La sensación de saturación suele producirse cuando las demandas del medio en el que nos movemos son tales que la capacidad que tenemos para hacerles frente se nos antoja insuficiente, por muchos esfuerzos que hagamos. Esa discordancia percibida entre las demandas y los propios recursos es la que nos estresa.

Al margen de que nuestra autopercepción nos haga considerarnos más o menos capaces de afrontar el día a día, suele suceder que empezamos a tener esa sensación cuando los problemas se acumulan y aunque vayamos resolviéndolos nos imaginamos como el jugador al que si le llega una pelota puede despejarla sin dificultad, si le llegan dos a la vez ya lo tiene más complicado, pero cuando le llegan cuatro o cinco empieza a tener dificultades para darle a todas.

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El miedo a la soledad

El miedo a la soledad

Uno de los lamentos habituales cuando se produce una ruptura sentimental es el miedo a quedarse solo o sola. Generalmente, es la persona que ha sido abandonada o a la que se le ha impuesto la ruptura la que hace explicito ese temor. El hecho de que nada más vaya a cambiar porque su familia, sus amigos (los suyos, los de toda la vida), sus hijos o sus compañeros de trabajo sigan estando dónde están, no minimiza el miedo a la soledad.

De la misma forma, cuando hay  que expresar una queja, presentar un proyecto o defender una idea, el “quedarse solo” ante aquellos que deben responder, evaluar o dar soluciones convierte el previo a la acción en un mar de dudas y de indecisión. La exposición pública en soledad, para un porcentaje elevado de personas, es un obstáculo que muchas veces acaba por desalentar la acción y llevarla al abandono.

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El “miembro fantasma”: cuando la mente ve lo que no hay

elpais.com THE CONVERSATION / HARRIET DEMPSEY-JONES 

A menudo las personas con miembros amputados experimentan el fenómeno del llamado “miembro fantasma”, por el que todavía pueden sentir la presencia de los dedos, las manos, los brazos, los pies o las piernas, e incluso sentir dolor allí donde antes se encontraban las partes amputadas. Hasta hace poco, la ciencia no tenía explicación para este fenómeno.

Ahora, empleando resonancia magnética de ultra alta resolución, unos investigadores de la Universidad de Oxford han logrado examinar el cerebro de personas que han sufrido amputaciones y ver qué cambios se producen tras la pérdida de un brazo. La observación del cerebro con este grado de detalle ha revelado por primera vez que el cerebro de los amputados conserva un mapa increíblemente detallado de la mano que les falta y de cada uno de los dedos. La existencia de este detallado mapa de la mano en el cerebro –décadas después de la amputación– podría explicar en parte el fenómeno del miembro fantasma.

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