La obligación de ser felices

La obligación de ser felices

La presión de los mensajes que nos obligan a ser felices, pase lo que pase, está llegando a niveles absurdos. Parece que la felicidad, que es algo que no siempre se define bien, es una especie de objeto que nosotros podemos adquirir de manera voluntaria y que si no lo hacemos nos convertimos en los más tontos del lugar.

Proliferan las ofertas de eventos en los que es foto obligada la del grupo con los brazos en alto, la sonrisa de oreja a oreja y todos haciendo la V de la victoria con los dedos. Hay que aprender a ser felices. Da igual si de lo que se está tratando es de motivar al personal, de aprender a atender al cliente o de vender camiones. Hay que enseñar la dentadura, cuanto más mejor.

Ese postureo grupal en el que los que nos dedicamos a la formación nos hemos visto obligados a entrar, porque es lo que vende y hay que pagar el alquiler, suele producir en los asistentes, no en todos, una especie de euforia que engancha. Así vemos a muchas personas que parecen obsesionadas con asistir a cuanto evento haya en el que se salte, se baile y se grite en coro. A querer siempre más.

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Cómo nos afecta tener una baja autoestima

Cómo nos afecta tener una baja autoestima

Una clásica definición es la que dice que la autoestima es el valor, la consideración y el afecto que cada persona siente respecto a si misma. ¿Qué influencia tiene esto en nuestro día a día? Podemos ver, fácilmente, que tiene una gran influencia.

Cuando la autoestima está en el nivel adecuado, nos percibimos de una manera realista, nos aceptamos, sin que ello impida que queramos mejorar, y nos sentimos personas valiosas dignas de ser queridas y apreciadas por otros. Esto hace que tendamos a valorar nuestro tiempo, nuestro espacio y nuestra capacidad para pensar y para tomar decisiones.

Las personas con una baja autoestima tienden a pensar que no son merecedoras de consideración, por lo que se sienten incómodas con los reconocimientos y halagos, le quitan importancia a lo que hacen, por meritorio que sea, e incluso, pueden sentir rechazo hacia las muestras de afecto.

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¿Por qué nos frustramos?

¿Por qué nos frustramos?

Foto: Carmen Ariza

Si a cualquiera de nosotros le preguntan qué es lo que nos mueve a actuar, por lo general, tenderíamos a responder que son las cosas que pasan a nuestro alrededor las que condicionan nuestro comportamiento. Si nos paramos a pensar un poco, tal vez, la respuesta no sería la misma. Si yo estoy escribiendo esto a las 15.00 horas en mi despacho, es porque estoy esperando la llegada de un paquete con cartuchos para la impresora con los que espero poder imprimir unos documentos que, espero, sean satisfactorios para la persona a la que debo entregarlos. Esto, es el artículo que espero publicar el próximo lunes en este blog.

Si nos fijamos en esta pequeña secuencia de hechos nos daremos cuenta de que un elevado porcentaje de mi conducta actual se basa en expectativas, en lo que espero que pase más que en lo que está pasando. Espero que esta noche no haga tanto calor como la de ayer para poder dormir mejor y espero que la clase que tengo que dar mañana sea llevadera a pesar de los 30º. Si nos salimos de la pura cotidianeidad, más de lo mismo. Nos pasamos la vida esperando que las cosas sucedan y actuando en función de esa expectativa.

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El mito de la felicidad.

El mito de la felicidad.

La Caja Sináptica  Blogs El Correo Gallego

Fuente foto: www.pixedelic.com

La búsqueda del Santo Grial de la felicidad es una constante en la historia de la humanidad, y en la actualidad se ha convertido en el mandato social de la postmodernidad, de manera que el hecho o la sensación de no lograr alcanzarla es homólogo de fracaso en la vida.

Cuando hablamos de felicidad, habría que empezar distinguiendo entre felicidad subjetiva, que es una sensación de bienestar en la que no se echa en falta nada, o al menos de manera intensa, y felicidad objetiva , que más que un sentimiento es una situación que se quiere conseguir, donde las posibilidades personales estarían aseguradas. Por ejemplo, si una persona se encuentra privada de libertad, el hecho de ser libre, sería una situación de felicidad objetiva, sin embargo, no garantizaría que en alguna circunstancia no pudiera sentirse triste o subjetivamente infeliz.

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El Optimista

El Optimista

La Caja Sináptica. Blogs El Correo Gallego

De algunas personas se dice que siempre ven la botella medio llena y de otras que siempre la ven medio vacía. A los primeros les atribuimos la etiqueta de optimistas y a los segundos de pesimistas. ¿Quién de los dos enfoca mejor las situaciones? ¿Quién enfrenta los avatares de la vida de una manera más adecuada? Probablemente, ninguno de los dos.

Valoramos de una manera positiva a las personas que ante la adversidad mantienen la presencia de ánimo, que no se hunden cuando soplan malos vientos y que siguen luchando a pesar de que la victoria nunca está garantizada. Debemos preguntarnos si estas personas sólo ven la botella medio llena o también son conscientes de que dónde cabe un litro sólo está ocupada la mitad del recipiente.

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