El factor emocional en el trabajo

El factor emocional en el trabajo

Hasta hace relativamente poco tiempo, digamos hasta muy avanzado el siglo XX, la vinculación de la mayoría de las personas con su trabajo no pasaba de esperar conseguirlo sin demasiado esfuerzo, mantenerlo cumpliendo con lo estipulado en su contrato y jubilarse con una pensión decente.

Ahora, en el siglo XXI, las cosas han cambiado. Las personas que hoy se incorporan al mercado laboral demandan de las empresas mucho más que el salario. Hoy, a pesar de que en los últimos años la situación económica, la reforma laboral y el pescar en río revuelto de muchas empresas, hayan conseguido un retroceso en las condiciones laborales y un aumento de la precariedad que ya dábamos por superado, los trabajadores esperan más que un sueldo.

También las empresas esperan más que el hecho de que el trabajador se limite a cumplir estrictamente con su trabajo, a entrar y salir puntualmente y a cumplir las normas. Esperan del trabajador cosas tales como implicación, compromiso o lealtad, conceptos que se refieren a lo intangible y que tienen que ver más con aspectos emocionales que con la mera ejecución de tareas.

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Jornada Presentismo y Competitividad

Jornada Presentismo y Competitividad

El martes, día 7 de marzo, estaremos en la Confederación de empresarios de Coruña participando en la Jornada Presentismo y Competitividad, con una intervención en la que Carmen Ariza hablará del Contrato Psicológico y el Salario Emocional.

Hora: 10.00 a 12.00

Lugar: CEC. Plaza Luis Seoane Torre 1 Entreplanta. 15008 A Coruña

El miedo a la soledad

El miedo a la soledad

Uno de los lamentos habituales cuando se produce una ruptura sentimental es el miedo a quedarse solo o sola. Generalmente, es la persona que ha sido abandonada o a la que se le ha impuesto la ruptura la que hace explicito ese temor. El hecho de que nada más vaya a cambiar porque su familia, sus amigos (los suyos, los de toda la vida), sus hijos o sus compañeros de trabajo sigan estando dónde están, no minimiza el miedo a la soledad.

De la misma forma, cuando hay  que expresar una queja, presentar un proyecto o defender una idea, el “quedarse solo” ante aquellos que deben responder, evaluar o dar soluciones convierte el previo a la acción en un mar de dudas y de indecisión. La exposición pública en soledad, para un porcentaje elevado de personas, es un obstáculo que muchas veces acaba por desalentar la acción y llevarla al abandono.

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Grupos de trabajo en habilidades sociales y desarrollo personal

Grupos de habilidades sociales y desarrollo personal. Psicólogos en Santiago. Confluir Psicología & Coaching

Está abierta la inscripción para los grupos de trabajo en habilidades sociales y desarrollo personal durante el primer trimestre de 2017.

El objetivo de estos grupos es reunir a personas que deseen trabajar de forma grupal en áreas de mejora relacionadas con la autoestima, las dificultades para manejar las emociones o los obstáculos a la hora de tomar de decisiones.

La modalidad en grupo permite beneficiarse de las aportaciones tanto de la facilitadora como de los demás miembros del grupo de cara a adquirir nuevas estrategias y a encontrar formas de abordar las diferentes situaciones que se presentan a diario.

Los grupos abiertos proporcionan flexibilidad para incorporarse a ellos o dejarlos en función de la propia agenda o del interés por el tema abordado.

Otra de las ventajas es poder trabajar dificultades personales a un precio más reducido que el de las consultas individuales.

Aunque los grupos sean flexibles en cuanto a la asistencia, es necesario confirmar con antelación si se asistirá o no a la siguiente sesión con el fin de facilitar la organización y de establecer el número mínimo o máximo de asistentes.

Pensar, sentir y actuar.

Pensar, sentir y actuar.

Pensar, sentir y actuar. Simplificando, podríamos decir que es en estos tres procesos en los que empleamos nuestra vida. No hace falta mucha explicación para que cualquier persona pueda estar de acuerdo en ello. El problema es que, a menudo, confundimos una cosa con otra y cuando tratamos de hacer algún ajuste sobre uno de esos procesos esa confusión nos lleva a hacerlo sobre otro.

Por ejemplo, cuando le preguntamos a una persona cuál es su opinión (pensar) sobre algo o alguien es fácil que responda que le gusta o le disgusta (sentir) o que cada vez que lo tiene delante abrevia o alarga el contacto con el objeto o con la persona en cuestión (actuar). Es cuando le adviertes que tu pregunta se refiere a lo que piensa, no a lo que siente o a lo que hace, cuando la persona hace el intento de expresar cuál es esa opinión que le pedimos, al margen (dentro de lo posible) de emociones o comportamientos.

Esta distinción es muy importante a la hora de llevar a cabo cualquier intervención con personas, ya sea en el ámbito laboral, en el terapéutico o en cualquier otro. También es importante en el conocimiento de nosotros mismos, porque cuando queremos hacer cambios en nuestras vidas es importante que sepamos dónde se requieren esos cambios.

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Cómo nos afecta tener una baja autoestima

Cómo nos afecta tener una baja autoestima

Una clásica definición es la que dice que la autoestima es el valor, la consideración y el afecto que cada persona siente respecto a si misma. ¿Qué influencia tiene esto en nuestro día a día? Podemos ver, fácilmente, que tiene una gran influencia.

Cuando la autoestima está en el nivel adecuado, nos percibimos de una manera realista, nos aceptamos, sin que ello impida que queramos mejorar, y nos sentimos personas valiosas dignas de ser queridas y apreciadas por otros. Esto hace que tendamos a valorar nuestro tiempo, nuestro espacio y nuestra capacidad para pensar y para tomar decisiones.

Las personas con una baja autoestima tienden a pensar que no son merecedoras de consideración, por lo que se sienten incómodas con los reconocimientos y halagos, le quitan importancia a lo que hacen, por meritorio que sea, e incluso, pueden sentir rechazo hacia las muestras de afecto.

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La necesidad de controlarlo todo

La necesidad de controlarlo todo

La necesidad de ejercer control  es una característica bastante acentuada en muchas personas que conocemos. Algunas, incluso, se reconocen o se definen como controladoras y, curiosamente, son capaces de ejercer ese control sobre las cosas y sobre otras personas pero rara vez sobre sí mismas. Llevan a gala el que nada se les escape y el que los demás hagan las cosas a su manera, por otro lado, la única correcta.

El controlador sólo se siente seguro cuando las cosas suceden según lo planificado lo que, en realidad, sucede sólo en algunos ámbitos de su vida y sólo algunas veces, como en el plano laboral cuando la situación permite hacer previsiones sobre variables muy conocidas o en el personal cuando la mayoría de los que le rodean se ciñen a sus condiciones por no soportar sus reacciones ante la contrariedad. En el plano de las relaciones sociales, en general, el controlador no suele desenvolverse bien a pesar de las apariencias.

Las personas controladoras suelen ser, a la vez, muy inseguras. Su falta de flexibilidad y su incapacidad para reaccionar ante lo imprevisto les genera la necesidad de moverse sobre seguro y se obligan a mantener el control como una forma de eliminar la tensión que les produce la posibilidad de dejarse ir.

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