Razonamiento o excusa. Confluir. Psicólogos en Santiago

Cuántas veces nos encontramos al cabo del día dando explicaciones y elaborando razonamientos complejos sobre lo que teníamos que hacer y no hicimos, lo que debimos decir y no dijimos o lo que se esperaba de nosotros y no llegó a concretarse. Las justificaciones y razonamientos son habituales en nuestro discurso, tanto que ni siquiera nos damos cuenta de que lo hacemos hasta que escuchamos aquello de “no me pongas excusas”.

Una excusa es, por definición, un motivo o pretexto que se invoca para eludir una obligación o disculpar una omisión (RAE). Cuando no cumplimos los compromisos o aplazamos una acción, habitualmente, generamos cierto nivel de ansiedad, nuestro pensamiento nos lleva repetidamente al recuerdo de lo pendiente y nos vemos impelidos a eliminar la tensión y el malestar que esta situación nos genera ¿Qué hacemos, entonces? Buscar alguna justificación que nos permita recuperar el equilibrio psíquico perdido.

El concepto de Disonancia cognitiva nos permite entender este proceso de una forma fácil. Explicaba León Festinger, primero que formuló una teoría al respecto, que cuando dos ideas, o una idea y un comportamiento entran en conflicto, se genera una necesidad de reducir la tensión que produce tal disonancia por lo que empezamos a generar nuevas ideas o creencias que permitan justificar nuestro comportamiento. Otra forma de reducir la tensión es cambiar el comportamiento para ajustarlo a la creencia.

A menudo, nos encontramos argumentando frente a los demás las razones por la cuales posponemos una acción o aplazamos una decisión. También argumentamos y razonamos frente a nosotros mismos en un ejercicio de autoengaño que lo único que consigue es aliviar la molestia de la disonancia. Las excusas, los pretextos y las justificaciones suponen alivios momentáneos que nos permiten salir del paso con nosotros y con los demás.

Es necesario practicar la autocrítica y reconocer cuando la pereza, el miedo o la incapacidad para afrontar una acción nos impiden cumplir los compromisos o cuando nos hemos comprometido por razones tales como la preocupación por lo que van a pensar de nosotros si decimos que no cuando los demás dicen que sí. El conocimiento de uno mismo es fundamental para saber cuáles son nuestros límites, cuando debemos aceptar compromisos y cuando no para no tener que consumir tiempo y energía elaborando pretextos y buscando excusas.

2 Comments

    1. Hola Fernanda. Gracias por visitar nuestro blog.
      Tenemos que distinguir entre las responsabilidades que generamos por nuestro comportamiento (aceptar un determinado trabajo, tener hijos…) y las que nos echamos nosotros encima que no nos corresponden. Es muy posible que si nos paramos a reflexionar sobre ello, a veces, son más las segundas que las primeras. Un saludo.

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