En muchas ocasiones, nos encontramos con que personas que llaman a nuestro centro para interesarse por nuestros servicios o para pedir información sobre nuestras tarifas, nos preguntan si realizamos sesiones gratuitas. No, no hacemos sesiones gratuitas “sólo para probar”.

No creo que esas personas cuando van a la consulta del médico o al bufete de un abogado, porque tienen un problema de salud o una cuestión legal que resolver, le propongan al profesional algo así como yo le cuento lo que me pasa, usted me dice qué le parece y si me gusta la respuesta ya decido si vuelvo o no, eso sí, esa primera consulta no se la pago.

Tampoco creo que cuando vayan a adquirir cualquier producto le hagan una propuesta similar al comerciante: pruebo el kilo de filetes que usted me dará gratuitamente y si me gusta, a partir de ahora, le compro a usted. Quien dice un trozo de carne dice una prenda de ropa o una obra de teatro. Si me gusta, ya volveré, pero la primera vez, gratis.

De la misma manera, podríamos enumerar todo tipo de productos y servicios. Asumimos que el fontanero nos cobrará por apretar una tuerca que se resiste por una hora de trabajo, aunque tarde 5 minutos, o que cualquier profesional cobre por lo que hace, pero queremos que el psicólogo no nos cobre por valorar nuestro caso.

Parte del trabajo del psicólogo consiste en escuchar los problemas de las personas y en ayudarles a buscar soluciones. Eso, habitualmente, no se hace en una sesión, sino en un proceso. Si alguien nos propone venir a contarnos lo que le pasa y que nosotros le digamos qué es lo que puede hacer o qué intervención sería la más adecuada en su caso, eso es una consulta. Lo que podamos sugerir o pautar no es una opinión como la que puede dar un amigo o el vecino de la escalera, se basa en años de experiencia, de estudios y de preparación.

Creemos firmemente en el valor de nuestro trabajo, porque ayudar a las personas a resolver sus problemas y a mejorar sus vidas es uno de los mejores trabajos que alguien puede tener. Lamentablemente, como lo que se hace con el psicólogo, básicamente, es hablar, no siempre se reconoce ese valor. Lo cierto es que cuando hablamos con un usuario de nuestros servicios, nuestra conversación consiste en un trabajo de transformación de su pensamiento, de gestión de las emociones o de cambios en su conducta y eso requiere un conocimiento y una experiencia que es lo que le otorga ese valor.

Por eso no hacemos sesiones gratuitas, no sólo porque el que nos cobra el alquiler del despacho, la compañía eléctrica o los que nos sirven el gas para la calefacción no nos perdonarían las facturas por altruistas, es, sobre todo, porque queremos que nuestro trabajo se valore como el de cualquier otro profesional y no se considere que el hablar con un psicólogo es una mera charla intrascendente o un puro desahogo, para eso hay otras opciones.

Photo by Kari Shea on Unsplash

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