El miedo a la soledad. Psicólogos en Santiago. Confluir Psicología & Coaching.

Uno de los lamentos habituales cuando se produce una ruptura sentimental es el miedo a quedarse solo o sola. Generalmente, es la persona que ha sido abandonada o a la que se le ha impuesto la ruptura la que hace explicito ese temor. El hecho de que nada más vaya a cambiar porque su familia, sus amigos (los suyos, los de toda la vida), sus hijos o sus compañeros de trabajo sigan estando dónde están, no minimiza el miedo a la soledad.

De la misma forma, cuando hay  que expresar una queja, presentar un proyecto o defender una idea, el “quedarse solo” ante aquellos que deben responder, evaluar o dar soluciones convierte el previo a la acción en un mar de dudas y de indecisión. La exposición pública en soledad, para un porcentaje elevado de personas, es un obstáculo que muchas veces acaba por desalentar la acción y llevarla al abandono.

Podemos observar, en muchas ocasiones, como nos conformamos con que la otra persona esté, aunque ese estar no sea activo, aunque no hable, aunque no resuelva. Que los demás vean que estamos solos, que nadie nos apoya, que no tenemos pareja o que nadie nos acompaña a hacer una gestión, se hace muy duro para muchas personas que acaban cometiendo el error de establecer relaciones con cualquiera con tal de sentir que tienen compañía.

Salvando las excepciones para quienes la soledad es un estado buscado y disfrutado, la mayoría de nosotros preferimos pasar la vida en compañía. Montar un negocio, afrontar un contratiempo o resolver cualquier dificultad que se nos presente, se percibe como mucho más difícil si se hace en soledad.

El miedo a la soledad se va incrementando con el paso de los años. La posibilidad de tener una enfermedad, de no poder valernos por nosotros mismos y, por lo tanto, de ser vulnerables frente a las dificultades, convierte el hecho de estar solos en algo indeseable. En este caso, el miedo es mucho más intenso, incluso cuando tenemos compañía, porque el tiempo convierte la pérdida en una certeza.

Es necesario aprender a vivir bien, solos o acompañados, y descartar la creencia de que la soledad es, por definición, algo malo y la compañía algo bueno porque no siempre es así. Es un error estar con personas que no nos aportan, que nos restan y que nos destruyen psicológicamente por no sentirnos solos o, lo que es peor, porque los demás no vean que lo estamos.

Debemos elaborar estrategias que nos permitan ser capaces de responder a las dificultades y de buscar soluciones por nuestra cuenta. Si por el camino encontramos personas que nos hagan disfrutar de su compañía y que nos permitan expresar lo mejor de nosotros mismos estupendo y si no, intentemos vivir solos lo mejor posible.

Foto: David Marcu. Unsplash

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