Miedo social. Psicólogos en Santiago. Confluir Psicología & Coaching.

Se siente vergüenza, inseguridad al hablar con gente desconocida, cuando se está rodeado de gente la mayor parte del tiempo, pavor a hablar en público.

La ansiedad social consiste en un miedo interno a exponerse a situaciones sociales, a actuar delante de otras personas, sobre todo desconocidas, a la evaluación o escrutinio de los demás, a mostrarse ansioso, a verse actuando de forma humillante o vergonzosa, lo que  lleva a evitar situaciones sociales o públicas  e interfiere en la vida, provocando un malestar significativo.

Las situaciones sociales pueden producir ansiedad interna e incluso ataques de pánico. Entre las situaciones temidas se encuentran hablar o intervenir en grupos formales e informales, incorporarse a conversaciones, terminar conversaciones o actividades ya comenzadas, conocer gente nueva, llamar por teléfono o asistir a fiestas.

Expresar desacuerdo, hacer una reclamación o dirigirse a personas de autoridad crean una gran ansiedad. La sensación de sentirse observado crea pavor.

Aparecen dificultades para pensar, confusión, dificultades para concentrarse y encontrar las palabras. La atención se centra en uno mismo, en los síntomas de ansiedad, en las interpretaciones y emociones negativas, en los errores y en especial en las reacciones negativas de los otros.

Los juicios sobre uno mismo suelen ser infinitos e irracionales, subestimando las propias capacidades y sobrestimando errores, críticas y rechazos, percibiendo desaprobación donde no la hay por la evaluación excesivamente negativa de la actuación social. Se asume que las opiniones negativas sobre uno mismo son ciertas y hay un mayor recuerdo de situaciones negativas y menor de las positivas.

Todo este sufrimiento conduce a la conducta de evitación de situaciones temidas, pero también a ser el centro de atención o de crítica, lo que le lleva a adoptar conductas de seguridad o defensivas para no sentirse tan mal.

Los objetivos del tratamiento en la fobia social son reducir la inhibición social y adquirir recursos que permitan al paciente alcanzar logros y mantenerlos, al mismo tiempo que modificar errores de percepción que crean esas expectativas tan elevadas y los supuestos que le llevan a evitar, perdiendo el miedo progresivamente a la vez que van reduciendo las conductas de evitación o defensivas, disminuyendo la ansiedad social y sus interferencias, superando las carencias sociales.

La evitación no deja ser uno mismo porque no permite expresar pensamientos, sentimientos y emociones y la imagen social quedará distorsionada deteriorando el concepto de sí mismo.

Atreverse a ser uno mismo y arriesgarse al rechazo o a quedar mal es difícil. El riesgo merece la pena porque permite ser más libre.

Foto: Todd Diemer. Unsplash.com 

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