Carlota Fominaya en www.abc.es 12/08/2016 16:52h

Buena parte de los progenitores se quejan de que sus hijos adolescentes están de mal humor de forma casi permanente, solo dan malas contestaciones, la desobediencia es continua y, al parecer, todo les molesta. «¿Por qué de repente hace esto cuando nunca lo ha hecho?» «¿por qué ha dejado de ser cariñoso?» o «¡su carácter ha cambiado, ahora es un cardo!» son frases que a menudo pronuncian padres de adolescentes, que se quejan de que convivir con ellos no resulta una tarea fácil, y que la situación se complica en vacaciones, donde la convivencia es mayor y hace que salgan a flote problemas que han pasado desapercibidos durante el curso.

Los motivos habría que buscarlos en que la adolescencia es de por si una etapa complicada para el propio individuo, que se encuentra en pleno desarrollo y que asiste a numerosos cambios, tanto físicos, como hormonales y emocionales. Pero en parte también, en que esta transformación acaba produciendo cambios importantes en su comportamiento y actitud que acaban por confundir a sus padres, que ven cómo su hijo deja de ser de pronto el niño que era hasta antes de ayer. Es el momento en que parece que el lazo de la comunicación está roto.

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