Un segundo ejecutivo en el organigrama proporciona tranquilidad y continuidad.

¿Dónde estaría el lunático de Don Quijote sin Sancho Panza para intentar devolverle a la Tierra? ¿Habrían sido las habilidades deductivas de Sherlock Holmes tan sagaces y certeras de no contar con el doctor Watson para confrontarlas? La ficción está repleta de extraordinarios segundos de abordo. Fieles y eficaces escuderos que complementan al líder, le acompañan, le aconsejan, le ayudan a levantarse cuando cae y comparten con él una misión. En su relación llegan a conformar un todo, una unidad bicéfala en perfecta armonía. Y esto que pasa en las novelas y en las películas, también ocurre en las empresas.

“El número dos es una posición clave para una empresa o departamento porque la complejidad del entorno y de los propios negocios hace necesaria la existencia de figuras que complementen y aporten al líder”, señala Samuel Pimentel, presidente de Ackermann Beaumont Group. Buena parte del trabajo de búsqueda de directivos de esta firma de cazatalentos está dedicada precisamente a encontrar números dos y tres para las compañías. ¿Las cualidades que buscan en estos perfiles? “Profesionales de referencia en el mercado, con una visión global de la organización y buenas habilidades relacionales”, enumera Pimentel

Artículo completo en Ramón Oliver en economia.elpais.com

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