Foto: Carmen Ariza

La hipnosis se caracteriza por un estado de aumento de la atención, la receptividad y una sensibilidad incrementada hacia una o varias ideas. El paciente se encuentra en un estado muy elevado  de sugestionabilidad que el hipnólogo le provoca mediante una serie de cambios físicos y psicológicos.

Produce habitualmente un estado de relajación muy  profunda, no es un sueño ni suprime la voluntad.

Se aplica en los casos indicados, dependiendo del paciente,  como una herramienta que potencia otras técnicas terapéuticas y acorta el tratamiento.

En los casos relacionados con situaciones traumáticas nos permite acceder al inconsciente ayudando a reencuadrar los recuerdos negativos.

La hipnosis induce un estado de ánimo y expectativas positivos, puede reforzar el ego y puede complementar el trabajo en consulta con autohipnosis.

El tratamiento con hipnosis puede ser de ayuda en problemas de índole psicológica y psicosomática entre los que podemos citar: ansiedad, depresión, fobias y temores, agorafobia, fobia social, problemas de autocontrol, problemas de alimentación, inseguridad, problemas en las relaciones sociales, baja autoestima, estrés, estrés postraumático, crisis de angustia, tabaquismo y dolor entre otros.

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