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La gestión del estrés se ha convertido en uno de los retos más importantes para un elevado número de personas en nuestro entorno social. Esto nos hace considerar al estrés como algo siempre negativo. Lo cierto es que el estrés forma parte de la vida, incluso es necesario porque nos permite tener un nivel de activación adecuado para desarrollar nuestras actividades. Los problemas se producen cuando el nivel de estrés sobrepasa nuestra capacidad para manejarlo y se convierte en algo indeseable cuyas consecuencias afectan a todos los ámbitos de nuestra vida.

Es difícil enumerar los síntomas del estrés ya que pueden ser físicos, tales como dolores de cabeza, cervicales, lumbares o problemas del aparato digestivo. También se generan síntomas de tipo psicológico como ansiedad, problemas para concentrarse o sensación de fatiga permanente. Cuando estamos estresados nos volvemos más irritables, sufrimos oscilaciones del estado de ánimo o nos cuesta tomar decisiones.

Elaborar estrategias para afrontar las situaciones de estrés, tanto en el ámbito laboral como fuera del trabajo supone tener la capacidad de manejarlo y mantenerlo en unos niveles óptimos. Tomar las medidas adecuadas cuando se está produciendo la situación estresora impide que las consecuencias para nuestra salud sean dañinas y tengan efectos negativos en el ámbito personal, social y laboral.