Lo que quiero, lo que puedo y lo que debo

Lo que quiero, lo que puedo y lo que debo

Nos parece mentira que las personas podamos enfermar por las dificultades para afrontar los problemas de la vida cotidiana. Para muchos es inexplicable que una mala situación laboral o personal desencadene una serie de síntomas físicos y psíquicos que no parecen poder atribuirse más que a una situación difícil de asumir y más difícil de cambiar.

 Si, además, nos encontramos con el consabido grupo de expertos formado por amigos y familiares cuya misión en la vida parece centrarse en quitar importancia a lo que sucede o atribuir a la persona que sufre la cualidad de egoísta o inmadura, tenemos la mejor combinación para convertir la vida de una persona en una trampa de mala salida.

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Miedo social

Miedo social

Se siente vergüenza, inseguridad al hablar con gente desconocida, cuando se está rodeado de gente la mayor parte del tiempo, pavor a hablar en público.

La ansiedad social consiste en un miedo interno a exponerse a situaciones sociales, a actuar delante de otras personas, sobre todo desconocidas, a la evaluación o escrutinio de los demás, a mostrarse ansioso, a verse actuando de forma humillante o vergonzosa, lo que  lleva a evitar situaciones sociales o públicas  e interfiere en la vida, provocando un malestar significativo.

Las situaciones sociales pueden producir ansiedad interna e incluso ataques de pánico. Entre las situaciones temidas se encuentran hablar o intervenir en grupos formales e informales, incorporarse a conversaciones, terminar conversaciones o actividades ya comenzadas, conocer gente nueva, llamar por teléfono o asistir a fiestas.

Expresar desacuerdo, hacer una reclamación o dirigirse a personas de autoridad crean una gran ansiedad. La sensación de sentirse observado crea pavor. Leer más

El trauma psicológico

El trauma psicológico

Foto: E. Sánchez Sostre. Escultura: Tino Canicoba

Blogs El Correo Gallego. La Caja Sináptica

A lo largo de nuestra vida todos hemos sufrido traumas de distinta magnitud, algunos los recordamos y otros no -los que vivimos en nuestra primera infancia- y que de alguna forma, sin saberlo, nos han marcado e influido en nuestro particular modo de percibir el mundo y en nuestra experiencia vital.

Por desgracia, con motivo de los ataques tan devastadores ocurridos el pasado viernes en París, en el post de hoy me centraré en el daño psicológico de las  víctimas de la violencia afectadas por un trauma, y de las cuales más de la mitad van a padecer estrés postraumático.

Cualquier trauma -y un suceso violento lo es- provoca una quiebra en el sentimiento de seguridad de una persona, y de rebote, en su entorno más cercano, produciendo reacciones y secuelas emocionales durante períodos largos de tiempo y a veces durante toda la vida, por lo que se necesita prestar especial atención al daño psicológico, además de las lesiones físicas. La prueba de esto es que los heridos graves suelen tener mejor pronóstico psicológico que  los leves porque cuentan con un mayor grado de apoyo social y familiar.

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